{los viajes del caracol}

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Morocco'09: reflexiones después del reencuentro

“…aquí, este machismo te viste de negro, te promete en matrimonio a un desconocido a los tres meses de edad y no admite discusión. Es así sin más. Oscuro, implacable y difícilmente erradicable…”

Sra. Caracol

Hace un año escribí esto y se quedó en el tintero…hoy vuelvo a encontrame con el negro aunque ahora matizado en la turística Essaouira…me sorprende la diferencia y la apertura de estas nuevas mujeres …a pesar de que algunas me cuenten que no es oro todo lo que reluce. Por eso creo que esta vez si vaciaré la tinta recuperando estas lineas de mi diario del pasado….

“Seis días, han pasado seis días desde que cruzamos el estrecho y no he podido escribir nada hasta ahora. Supongo que, al principio, Marruecos resulta un país demasiado agresivo, demasiado duro como para entenderlo a la primera, tanto por la cultura como por sus gentes. Y es que hay cosas que me resultan difíciles de comprender, por mucho que lo intente. Cosas como no poder ver la cara de las mujeres porque lo prohibe una religión o tener que esquivarlas con las cámaras de fotos porque pasan a ser propiedad de sus maridos desde el día que se casan: el “matermunium” en directo es difícil de digerir… pero a la vez sorprende que muchas de ellas lo acepten y defiendan como algo sagrado que no admite discusión… una situación delicada dirán algunos… para mi, una cuestión de educación, de cultura, de costumbres arcáicas, de extremismos… supongo que este tipo de cosas te condicionan a la hora de formarte una opinión de la cultura y gentes de un país, es inevitable, por muy bonito, diferente, exótico y salvaje que sea. Es una realidad a la que habría que desnudar de este negro abrasador. Una realidad arraigada como verdad en ciertas mentalidades que por desgracia siguen poblando nuestro planeta. Demagógicamente algunos dirán que también en Occidente hay machismo… Si, es cierto; como lo es que hasta hace bien poco en España las mujeres estuviesen tuteladas por sus maridos. Y por eso agradezco vivir donde vivo ahora y poder decidir, cómo, cuándo y con quién casarme,  dónde trabajar, hacerme fotos o sencillamente, escoger algo tan importante como tener descendencia o no. Aquí, todavía hay muchas mujeres que no pueden-quieren-sabencómo-pueden hacerlo.
Pero igualmente cierto es, que aquí, este machismo te viste de negro, te promete en matrimonio a un desconocido a los tres meses de edad y no admite discusión. Es así sin más. Oscuro, implacable y difícilmente erradicable.
Un hilo de esperanza en las jóvenes de las grandes ciudades que enseñan sus lindas caras y hombros sonriendo, sin miedo, sin complejos. Un mazazo de desesperación en el dedo del fantasma azabache que me señala acusador por no cubrir mis piernas o mis hombros a 40 grados bajo un sol despiadado..
¿Quienes somos para juzgar otras gentes, otras culturas? Ni mas ni menos que nadie, por supuesto, pero siento que hay cosas que hay que decirlas, o gritarlas, o llorarlas como mínimo. Mientras mi mente se esfuerza por ser tolerante, me evado en las doradas olas del desierto, en los sabores del tallín, en las estrellas multiplicadas de estos cielos. Kilómetros de contrastes nos acogen en este viaje, de los verdes del maíz norteño a los ocres del sur disecado.
Y al fin una tirita para mi corazón dividido, una canción con los niños a cambio de sonrisas y nada más. Ni un solo Dirham trocado por cantar con ellos y poder respirar un poco de su inocencia, mientras me siento mas mujer que nunca y también, mas mayor que nunca.”

(las dos fotos de este post de la Sra. Caracol fueron tomadas en Marruecos en 2008)

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Morocco'09: Marrakech y vuelta a casa

La autocaravana se dirige hacia el sur, abandonando Essaouira. Será un viaje de vuelta largo, pero las playas cercanas a Targhazoute nos acarician las mejillas doradas por el sol.

Sr. Caracol

Séptimo día. Aunque no estamos en tierras cristianas me tomaré en serio lo de descansar al séptimo día. No hemos creado el mundo pero estoy tan derrotado como si me hubieran encomendado esa difícil misión. El guión dice que debemos bajar hacia Agadir, en una jornada más dura de lo que esperábamos. Las carreteras no están demasiado bien (lo normal en el país) y un trayecto de no más de 180 kilometros parece hacerse eterno. Por suerte, la llegada a Targhazoute nos refresca. Esta población surfera es menos conocida que Essaouira pero también menos turística. Paramos a comer en una playa inmensa, con un mar azul como hacía tiempo que no veía. Las olas gigantes y perfectas para deslizarse con una tabla, y la temperatura invita a quedarse allí más de un día, pero no podemos, debemos seguir con nuestro viaje si queremos llegar a tiempo a casa, nos esperan más de 2000 kilometros para poder abrazar de nuevo nuestro jardín, a Coque y ver el sol caer tras las Cíes.

Llegamos a Marrakech más tarde de lo previsto, intentar calcular tiempos aquí es casi imposible. Mi ilusión de compartir con Raquel la caída del sol desde la Plaza se pierde a kilometros de distancia. Hace años pasé varios días en esta ciudad rodando un videoclip para David Vidal y me encantó pasar las tardes de Djemaa el-Fna.
Por suerte aún quedan restos de la fiesta y nos podemos distraer comiendo unos pinchos de pollo en alguno de los puestos de comida, sentados junto a cantidad de marroquíes. Antes de irnos, casi sin quererlo, surge una de esas cosas que deseaba. Un halaiqui nos toma de la mano y nos sienta junto al fogón. Este cuentacuentos, músico trobador y showman nos hace sentir timidez por unos instantes. Decenas de ojos árabes nos miran y se ríen de nosotros mientras las palabras de este trobador impregnan el aire de la noche. Por un instante nos sentimos intimidados a pesar de la magia del momento. Entre las miradas atentas, aparece Marc con la cámara y toma algunas instantáneas sin que nos demos cuenta. Medio divertidos, y medio asustados le seguimos el juego al halaiqui mientras hace desaparecer cigarrillos y saca humo por las orejas, y nos canta canciones que no logramos descifrar. Salimos de allí con una sonrisa y una sensación extraña, esa sensación que te deja esta plaza, a la cual, siempre sé que volveré, porque es como un gran plató con las puertas medio cerradas y deseo tener las llaves de cada una de ellas para poder retratarla en toda su inmensidad.
Aquí damos por cerrado este viaje de trabajo que no ha tenido casi nada de ocio, pero como dice la señora caracol “amiguiños, amiguiños si, pero a vaquiña polo que vale”.

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Morocco'09: un poco de calma en Sida Kauki

La pequeña población de Sidi Kauki es el lugar perfecto para desconectar del mundo, del mercadeo, del olor fuerte de las ciudades marroquíes. Comer sardinas en alguno de sus chiringuitos es algo que no debe dejar de hacer el viajero.

Sr. Caracol

Sexto día de rodaje. Tenemos unas horas de tregua así que Raquel, Marc, Yoli, David y yo nos vamos a Sidi Kauki a pasar la mañana, sé que a mis amigos, aficionados al kite, les va a encantar. Recorremos la infinita playa y descubrimos unos pequeños surtidores de agua dulce justo en la orilla. Había oído hablar de ellos, así que me atrevo a meter un trago ante la mirada extrañada de mis compañeros de caminata. El agua está un poco salada porque se mezcla con la del mar, pero los camellos vienen a menudo aquí a beber.  Rematamos la mañana con una sardinada y unos tallines en uno de los chiringuitos comentando el tópico de la crisis. El año pasado nos cruzamos a centenares de autocaravanas y era difícil encontrar un rincón solitario, este año, vayamos donde vayamos somos los únicos viajeros con la casa a cuestas.

Por la tarde volvemos a Essaouira para acabar de grabar algunas cosas que nos faltan para el spot que nos ha traído hasta aquí. Yoli decide hacer de figurante para la sesión de henna y seguramente no se arrepentirá. La artista que le pinta la mano va a una velocidad de vértigo y yo aprovecho para disparar fotos a la misma velocidad que evolucionan sus trazos. Para rematar la tarde artística un caligrafista nos escribe algunas palabras para utilizarlas de recurso en la postproducción. Recuerdo mis días de universidad en la asignatura de caligrafía, lo mal que lo pasaba con la plumilla y la tinta, tratando de calmar mis nervios y sobretodo, de no equivocarme para evitar tener que volver a empezar desde el principio. Creo que me alegré más de aprobar esa asignatura que el latín de segundo de BUP.

(las fotos sin marca de agua son de Marc Enseñat)

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Morocco'09: jornada artística

Hoy descubrimos tradiciones milenarias como el trabajo con el aceite de argan, la producción de quesos de cabra o el arte de la caligrafía.

Sr. Caracol

Quinto día de rodaje. Tomamos la carretera hacia Agadir para visitar la cooperativa de aceites de argan de la población de Assafar. Nos reciben unas encantadoras pero silenciosas mujeres que trabajan este extraño fruto para producir un aceite valiosísimo que servirá como condimento gastronómico o para cosmética. Nos enseñan todo el proceso, poco a poco, como lo hacen normalmente, y aprovecho para hacer algunas fotos a la pequeña Hannah, que se planta delante de la cámara sin entender muy bien qué está pasando. No sonreirá ni un solo instante, como si supiera que está condenada a quedarse ahí toda su vida, dando vueltas a la piedra para producir este aceite que le salvará la vida.

Después de más de una hora de viaje en dirección Marrakech, llegamos a nuestro próximo destino, una cooperativa quesera, conocida en la región por la calidad de sus productos y la belleza del lugar. Nos cuentan que aquí se han rodado cantidad de películas, aunque nadie se atreve a dar títulos.
Después de grabar algunas imágenes nos invitan a comer por todo lo alto. Tomen asiento señores porque jamás van a ver una bandeja tan grande llena de quesos variados. Imposible de describir.

Por la tarde, de vuelta a la medina de Essaouira, mis amigos Yoli y David aparecen casi por arte de magia por las calles abarrotadas. Una bocanada de aire fresco y unas caras conocidas siempre son de agradecer, así que decidimos ir a comprar algunas cosas para la cena, esta noche es el cumpleaños de Marc y vamos a darle una pequeña sorpresa.

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Morocco'09: Diabat, Hendrix y algunas leyendas

Aldea repleta de leyendas, Diabat atrae por la histórica presencia de genios de la música y las artes, aunque de eso ya no queda nada. La policía prohibe cualquier cosa parecida a un campamento hippie.

Sr. Caracol

Cuarto día de rodaje. Hoy descubrimos Diabat, pequeña población donde hemos dormido todas las noches pero a la que no le hemos dedicado tiempo. Lo primero que debe saber el visitante es que aquí pasó supuestamente una temporada Jimmy Hendrix, así que este pequeño pueblo al sur de Essaouira se ha convertido en un santuario y un reclamo para los amantes de la música, donde uno puede dormir en la habitación donde se supone se hospedó el genio de la guitarra. Después de Hendrix, los Rolling, Cohen o Frank Zappa pasaron algunas temporadas descansando y consumiendo substancias prohibidas en este rincón atlántico donde los márgenes de lo legal y lo ilegal se miden de forma distinta. Si alguien está realmente interesado en hacer turismo musical que se documente primero, hay quien dice que Hendrix pasó solo una tarde en Essaouira y ni siquiera conoció Diabat, y que del campamento hippie que construyó, realmente nadie sabe nada. Parece que todo puede ser un reclamo para turistas y que Hendrix escribió “Castles in the sand” mucho antes de pisar tierras marroquíes, así que no se inspiró en las dunas que Marc y yo vamos a rodar en un ratito.

Por la tarde, volvemos a Ocean Vagabond, allí nos esperan unos cuantos camellos dispuestos a ser filmados. El viento famoso para los practicantes del windsurf empieza a castigar, así que protegemos las cámaras y el material de rodaje con plásticos, pero ahí está el infierno de arena preparado para devorarnos. Caminamos hacia las dunas con los figurantes, que harán de excursionistas apasionados. Marc es incapaz de meter el ojo por el visor de la cámara para escoger el diafragma y yo tengo que sujetar el trípode porque la cámara puede salir volando en cualquier instante. Nos miramos y decidimos retirarnos antes de echar a perder nuestro equipo. Por supuesto, no hice una sola foto del momento, ya destrocé dos ópticas por culpa de la arena en Madagascar, así que no voy a volver a caer en la tentación.

El sol se pone precioso justo cuando llegamos de vuelta a la autocaravana, los camellos ya descansan después del castigo y nosotros volvemos al Riad Kaleida para asistir a una fiesta gnawa.

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