Sr. CARACOL
Un pequeño agujero vacacional aparece en mi calendario de Julio casi por arte de magia. Mis responsabilidades como profesor de universidad se evaporan con la llegada del verano y la parada hasta enero que se ha tomado dzero me dan la posibilidad de marchar unos días hacia el sur.

Llegamos a CABO DE GATA al mediodía. Es de los pocos lugares de EUROPA que te ofrecen playa y desierto. Nosotros empezamos por la playa, una solitaria en CARBONERAS, transparente y perfecta para hacer un poco de submarinismo. En cuanto veo la primera medusa a un palmo de mi cara, decido salir del agua. No hay nadie, así que no tienes que preocuparte por desnudarte o si Coque puede o no hacer un poco de snorkel canino. El paisaje es casi perfecto: rocas, arena, agua transparente, montañas con aspecto lunar, y un enorme hotel rodeado de monstruos de hierro que han quedado petrificados para siempre. Alguna ley tardía debió paralizar las obras del complejo cuando el constructor ya no tenía dinero ni para tirarlo abajo. Así quedará durante años, seguro. Vamos hacia el interior camino de Níjar para tomar el desvío a Campohermoso. Un pueblo que bien podría ser una aldea mexicana: ropa tendida en la calle, frente a las casas blancas, gente de todos los colores sentados bajo la sombra de un árbol…
La guía que llevo sobre mis manos habla de un lugar que llama mi atención: “El Cortijo del Fraile”, allí donde situó Federico García Lorca su obra “Bodas de Sangre”. Nos perdemos por caminos llenos de polvo e historias de bandidos hasta llegar al lugar, en el que se respira un ambiente extraño. Sin duda, te castigas por no haber practicado más la lectura en noches de insomnio cuando eras joven y deseas como una rata de biblioteca llegar a casa para leer lo que escribió Lorca y saber qué pasó allí. Llega la hora de comer y la sombra de unos árboles nos protegen perfectamente para montar el restaurante. Se respira paz, una paz extraña, truncada en la historia de la literatura por alguna muerte sangrienta, pero ahora solo pensamos en comer.
Montamos la hamaca para probar la tan cotizada siesta andaluza, pero el señor del tractor ha vuelto de su hora de comer y se ha puesto a hacer rallies alrededor nuestro, así que levantamos el campo base camino de RODALQUILAR.
Siempre he llegado por la costa hasta este pueblo, pero esta vez, la excursión al Cortijo del Fraile me hace llegar por las montañas en un camino un tanto pesado. El premio llega pronto al encontrar en el camino los restos de una de las minas de oro más importantes de España, en los años 30 y 60. Todo está lleno de cuevas, de restos de edificaciones, de olor a esclavitud, a trabajo duro en uno de los lugares más secos de Europa: puras historias con olor a oeste americano.

Bajamos hacia el pueblo y visitamos la Oficina de Información para recoger algunos mapas de la zona y chafardear un poco. Es necesaria la parada en el antiguo poblado minero, justo al lado del actual Rodalquilar. Los guardas del Parque Natural cometieron un enorme error al tapiar el antiguo poblado para evitar la visita de los okupas. Ahora, la mezcla de ladrillo con los antiguos materiales rompen con el encanto. Me encantó la aparición de un graffiti rastafari en varias paredes del poblado sobretodo al lado de esta vieja publicidad. Sin duda alguna, estamos en un lugar de autentico “Sol de España”
Nos alejamos del interior para ir a recorrer la costa, desde la Isleta del Moro hasta San José y allí encontramos lugar para dormir. Un paisano nos informa de dónde podemos colocar la furgoneta. Esa noche, a las 4.30 de la mañana empieza el rodaje de una producción portuguesa. La verdad es que mi intento de desconexión de los mundos audiovisuales se ha visto truncado por unas horas y me plantan un generador, focos y camiones de producción alrededor de mi pequeño espacio, pero lo tolero bastante bien.
Así que aparcamos donde ordena el señor y aprovechamos los últimos rayos de luz para darnos un bañito, coger las bicis para acercarnos al pueblo y preparar una cena cargada de embutidos y pa amb tomàquet.
La última meadita de la noche me regala una luna casi llena que se refleja en un mar calmado y silencioso. Las estrellas iluminan mis pasos y me pongo a dormir. Raquel lo ha hecho un rato antes.
Son las 5 de la mañana y empiezo a oír gritos en un idioma que no es el mío. Me asomo por la ventana y veo un perfecto equipo de rodaje filmando una escena de la película portuguesa. Supongo e intuyo que jamás aspirará a un Oscar ni la veré de estreno en las mejores salas pero a mi me han despertado con gritos del supuesto actor principal.
He conseguido seguir durmiendo y cuando despierto, justo antes de las 9 de la mañana, aparecen Coque y Raquel recién bañaditos. Ya no quedan restos de rodaje alguno y volvemos a estar solos frente a la playa. Aprovecho para darme un baño matutino antes de empezar a dar vueltas a las naranjas para hacer un zumo.
Antes de salir hacia la playa de Mónsul aparece un viejo chamán indio que nos sorprende con algunos bailoteos y trucos culinarios. Seguramente ha pasado demasiadas noches en la Haima que anima las noches hippies del lugar.
No queda mucho por visitar y decidimos ir hacia el propio pueblo de CABO DE GATA para comprar algo de comida y reponer la nevera. De camino recuerdo la vieja iglesia junto al mar en la que el año pasado nos pegamos una siesta Roser y yo mientras Marc hacía fotos. Vamos hacia allí. El pueblo ha vivido durante muchos años del mar y aún conserva el espíritu pescador.
El bañito en la playa pide una comida, a base de ensalada completa con trocitos de pollo. Se acerca la hora de abandonar el CABO DE GATA, para tomar camino hacia Marbella. Allí mis primos me esperan para recordar momentos de nuestra infancia. Quizás no coincidimos los tres desde el 94.
El camino va a ser largo ya que decido pasar por el desierto de TABERNAS y enseñar a Raquel los poblados del oeste y los auténticos platos de cine donde se rodaron “El bueno, el feo y el malo” y otras grandes películas de la historia del Western. La caprichosa furgo se pone tonta y me pide que paremos para ponerle aceite. Una luz parpadeante exige prisas y no estamos en el mejor lugar. Necesitamos más de dos horas para poder completar la simple tarea de encontrar una lata de aceite… pero la furgo seguirá recorri
endo kilometros. El viaje no ha hecho más que empezar.
P.D: es la última sesión en la que aparece el dichosito puntito en todas las fotos. el primo juan me ha limpiado la cámara por dentro.