{los viajes del caracol}

Juegos de luz y color…

Estoy en el aeropuerto de Amsterdam, sentado en la auto, y la verdad, viajar en solitario puede tener su gracia, pero cuando tienes la compañera de viajes que yo tengo, no le encuentro ninguna.

Sr. Caracol

Después de dejar a Raquel en el avión de vuelta a casa, decido poner Ronchamp como próximo destino. Allí estuve hace más de diez años con un viaje cultural de la universidad y me fascino la obra de Le Corbusier, y creo que dará juego para grabarlo. El viaje se hace largo y pesado. De repente no tengo nadie con quien compartir dudas, paradas técnicas, risas o canciones. Me tendré que acostumbrar, me quedan 13 días en soledad.
Por fin llego a Ronchamp. Lo primero que hago, aunque el sol se está poniendo y sé que estará cerrado, es subir a ver la obra del gran arquitecto: la Chapelle de Notre-Dame du Haut. Tengo dudas, de si la habrán quitado, de si habrán hecho pareados alrededor… pero no, claro, estamos en Francia, y no en España. Sigue tal como fue concebida hace más de 50 años, presidiendo la colina de Bourlémont… pura como una virgen a la que está dedicada.
Busco un lugar para dormir, y un pequeño lago cercano a Ronchamp me da la bienvenida.

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Amanezco a las 7 de la mañana y paseo por el lago haciendo algunas fotos esperando la hora en la que la Chapelle abra sus puertas de luz y color.
Llega el momento y lo vivo con más intensidad que la vez anterior. Todo me parece demasiado perfecto como para ser de  cemento y hormigón. Todo me parece demasiado terrenal como para ser un lugar divino. Paso más de 4 horas entrando y saliendo de la pequeña iglesia, cada momento es distinto, y podría pasar allí el resto del día, pero la llegada de un autobús de italianos me hace salir de allí. Comparto con vosotros algunas de las fotografías que he hecho, y si no os importa yo voy avanzando hacia Suiza, porque otro gigante blanco me espera, el Mont-Blanc.

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