{los viajes del caracol}

Mientras tú duermes a mi lado

“Déjame que te cuente este cuento… no, mejor déjame vivir este cuento de casas de chocolate, con ventanas de caramelo y tejados de miel”

Sra.Caracol

…con estas palabras danzarinas en mi cabeza me adentro en la Dordoña Francesa dispuesta a saborear las dulzuras de esta tierra. Generosa como pocas muestra campos infinitos de fructíferos cultivos: maizales siseando al viento me recuerdan las tierras gallegas y amarillos de trigo recién arado entonan coplas de algún sur olvidado. Ciruelas maduras celebran el estío precipitándose al suelo o decorando tartas de la abuela y tarros de deliciosa mermelada casera. Los girasoles entonan su ritmo diario de giros y vueltas, mofándose de los rebaños de aletargadas ovejas. La paz recorre estos campos engalanados de verano y sembrados de pueblos encantados, así que no puedo evitar querer cosecharlos todos con mi cámara. Confirmo la elegancia francesa plasmada en cada visillo, en cada puerta, en cada cortina de cretona y ventana de madera, que me recuerdan a un Chabrol de cinexín antiguo. No es extraño que André Breton inmortalizase estos parajes en su obra, sin duda inspirado ante tanta belleza.

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Brezo y lavanda en el camino para alentar mi olfato mientras engaño a mis piés cansados…”vamos, solo un par de pasos más, hasta aquella esquinita de flores”…pero pronto mi alma se rinde ante el irresistible frescor del río. Sumerjo mi piel caliente en este regalo de la montaña y escucho el latido de mi sangre recorriendo todos mis recuerdos… el agua siempre me evoca el pasado, propio o ajeno. Y en este divagar observo la corriente besar las rocas del fondo, acariciar mi piel cansada y mecer alguna hoja fugaz que se aleja río abajo. ¿Dónde irá tan contenta? La envidio por liviana… yo también quiero rodar con este agua que me sana el alma. Quiero descender por estos meandros descubriendo risas de niños jugando en chapoteos, pueblos del medievo y cielos de verano. Quiero vivir este cuento hasta llegar al mar y volver a empezar de nuevo. Quiero ser transparente como gota de lluvia y evaporarme despacio para poder ver todo esto desde lo alto y más tarde, cuando la tormenta te sorprenda con sus neones de rayo, volver muy despierta y contártelo todo, mientras tú duermes a mi lado…

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Por el Valle del Lot y la Dordogne… en Francia

Por mucho que os cuente, por mucho que leáis, por muchas Lonely Planets en las que tiréis el dinero jamás sabréis de la belleza de esta cercana región de Francia si no la pisáis. Y sí, lo reconozco, he sido víctima del fanatismo kilométrico y en otras ocasiones he preferido irme lejos, muy lejos, sin ni siquiera haber visitado antes el vecino valle del Lot y la Dordoña.

Sr. Caracol

Un proyecto audiovisual con el que hemos soñado durante mucho tiempo nos ha traído hasta aquí, al sur de Francia. Del proyecto nos os puedo hablar todavía, pero lo haré. Lo que si os avanzo es que vamos a estar un mes viajando por Europa captando la belleza de pequeños lugares y disfrutando con la magia que nos hacen sentir las culturas, distintas formas de vida y espacios naturales.

Después de un trayecto de dos días llegamos a nuestro destino. Tomamos Cahors como punto de partida y aquí pasamos nuestra primera noche. Esta ciudad acogedora y amable tiene un puente declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, el Pont Valentré, pero qué queréis que os diga, prefiero pasear por su casco antiguo e imaginar el interior de las casas, las vidas que habitan y habitaron, y oler el pan recién salido de la Boulangerie.

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Nuestro primer destino matinal es Saint-Cirq-Lapopie, un pueblecito colgado de las rocas como tantos en esta región. Supongo que utilizarían el río como defensa y se colgaban de las paredes para sentirse protegidos, a pesar del peligro de vivir casi desafiando a la gravedad. Pero claro, a Newton aún no se le había caído la manzana. En esta pequeña población se nos confirma la ley de que hay que madrugar. A medida que la mañana avanza empiezan a llegar guiris como nosotros y la magia se pierde por completo. Nos escondemos en una pequeña iglesia y allí pasamos más de una hora jugando con las luces, con los reflejos, con las maravillas cromáticas que regalan las cristaleras.

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Decidimos seguir el curso del río Lot por una carreterita que lo acompaña durante un buen tramo. Cada casa, cada rincón, es un regalo para los sentidos. No sé si decir que los franceses tienen un gusto exquisito o que los españoles somos unos horteras. Aquí, cada jardín, cada portal, cada ventana, está sacada de un catálogo del buen hacer arquitectónico. En tres días de viaje, no veremos ni un solo cartel de “Inmobiliaria” o “Nuevo proyecto” o “Aquí está la casa de tus sueños”, engañabobos que nos ha llevado a lo que nos ha llevado. Pero lo curioso es que tampoco veremos, por ejemplo un solo coche de policía, o un urbano… esta región parece un mundo utópico construido por un dios que no existe.

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Atravesamos, Crégols, Calvignac y Larnagol hasta llegar a Cajarc, donde coincidimos con el mercado semanal y compramos una fruta exquisita y un queso desaparecerá más rápido que el rastro oloroso que deja en el ambiente. Si tengo que recomendar algo, sin duda serán los melones pequeños y característicos de la región.
Visitamos el castillo de Larroque Toirac y subimos por la carreterita que va a Carayac hasta llegar a Espagnac Sainte-Eulalie, donde el cielo empieza a tornarse gris y en pocos minutos el sol desaparece por completo. El agua empieza a caer con toda su fuerza. Sabemos que la jornada de rodaje está perdida y que ya no tendré la hora mágica con el sol azotando las fachadas de piedra o los campos de frutas multicolor, así que volvemos a Cahors para hacer noche junto al río.

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La mañana despierta soleada, así que nos lanzamos a la carretera con dirección a Rocamadour, uno de los pueblos supuestamente más bonitos de Francia. Se dice que este pueblecito es la joya de la corona, pero al llegar, uno descubre lo que imaginaba, que nos lo podríamos haber saltado y no habría pasado nada. Este pueblo, convertido en Port Aventura no tiene nada, absolutamente nada que no tengan los demás, bueno, miento, tiene un espantoso tren turístico que te hace el recorridito, y las calles principales están invadidas de comercios que te venden lo mismo que el “chino” que hay debajo de tu casa en Sabadell, Madrid o la Barceloneta. Pero el ser humano es idiota, y todos acabamos tomando un helado malísimo como los del McDonalds, pero que aquí vale 4 euros, y comprando una cinta para el pelo, o un sombrero de Cowboy, que resulta que hace calor y va muy bien. Ah, no te olvides de comprar una brujita, que resulta que son típicas de la región y no la podrás encontrar en ningún otro lugar del mundo. Salimos de Rocamadour espantados y subimos hasta una colina donde poder tomar un plano general, fuera ya de esta tienda-espantosa-con-un-escaparate-precioso. Compañeros, os podéis saltar Rocamadour, y seguir vuestro viaje felizmente.

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Desde aquí sale un circuito que se llama el “Circuit des Merveilles”, pero si lo esquivas, descubres que Francia sigue siendo maravillosa. Por la tarde aparecemos en el Gouffre de Padirac, una cueva que “no hay que perderse”, pero claro, cuando llegamos y vemos la cola que hay, que me recuerda a la del pabellón de Japón en la Expo de Sevilla del 92, decidimos tomarnos la tarde con calma, dormir allí y entrar a las 8,30h de la mañana. Acertamos, absolutamente, y a todos los que vayáis hasta aquí con vuestra casa a cuestas os pediría por vuestra salud que hagáis lo mismo. A primera hora de la mañana me han recibido con simpatía por ser el único visitante, aunque también he pagado el precio de la indiscreción: me han hecho dejar las cámaras porque supuestamente está prohibido grabar y hacer fotos, y según ellos mi cámara de vídeo es demasiado grande. Después de mis dudas de si entrar o no entrar, puesto que en el fondo estoy aquí para trabajar, decido entrar sin cámaras, disfrutar de esta joya de la naturaleza y de paso dejo que Raquel duerma un poquito más. Empiezo mi visita y descubro a los primeros visitantes disparando con sus teléfonos móviles y sus preciosas cámaras, así que me peino un poco y subo a hablar con el jefe. Después de explicarle cuatro cosas me han dejado grabar y hacer fotos todo lo que he querido. No os voy a contar lo bonito o espectacular que es, no hay palabras para explicar sensaciones extraterrestres como esta. La naturaleza es muy bonita, y por suerte la que se esconde bajo tierra aún conserva un porcentaje de autenticidad. Al salir doy gracias a Alá por haberme despertado a las 7 de la mañana… ahora la cola es tan larga que la gente está invadiendo la carretera y un tipo les avisa que tardarán unas 5 horas en subirse a una de las barquitas que recorrerán las cuevas subterráneas.

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Después de un desayuno exquisito con el melón como protagonista salimos hacia Saint Ceré, una pequeña ciudad que tiene casi de todo y en la que repostamos la nevera. Desde allí visitamos Saint Jean-Lespinasse, Autoire y Loubressac. Me doy cuenta de que tanta belleza junta, al final cansa. Hay tantos castillos, tantas flores, tantos pueblos “Plus beau village de France” que necesitas un respiro de vez en cuando, así que en Carennac dejo a Raquel paseando por las calles y disfrutando de la Fiesta de la Ciruela y yo voy a alquilar una canoa para recorrer algún tramo del río Dordogne y conseguir algunos planos diferentes. Con la cámara escondida en un bidón estanco me alejo unos metros río arriba hasta llegar a un ensanche donde los patos descansan en paz. Soy el único habitante humano de las aguas y me deslizo suavemente mientras intento estudiar una coreografía para poder remar y grabar a la vez, intentando que la canoa se mueva lo mínimo y que la cámara no caiga al agua. Al volver a tierra, el encargado, al que llaman l’Hermitage, decide que no me cobra ni un solo céntimo por mi paseo, así que compartimos unas risas y me voy de allí más fresco y contento de lo que llegué. Recojo a Raquel en Carennac y deambulamos por carreteras pequeñas hasta llegar a Lacave. Allí decidimos cerrar esta región en la que podríamos quedarnos a vivir. Mañana debemos salir hacia Luxemburgo donde nos esperan nuevos rincones…

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Preparando un nuevo viaje

Hace días que no sabéis nada de nosotros, lo sabemos, pero últimamente hemos estado realmente concentrados en el trabajo y ultimando algunas cosas antes de los cambios que se avecinan en la familia.

Sr. Caracol

El 30 de julio salimos con la autocaravana hacia el norte de Europa. Vamos a recorrer la ruta de los cuentos de los hermanos Grimm en Alemania; vamos a subir a picos nevados en Austria; recorrer parques naturales en Holanda y mucho más. La Sra. Caracol solo podrá estar 15 días de viaje, ya que estaremos en la semana 35 de embarazo y sería un poco arriesgado estar tan lejos de casa y en una autocaravana! Yo continuaré el viaje en solitario unos días más para poder filmar el material necesario para un nuevo proyecto que nos hará muy, pero que muy felices y compartiremos con vosotros cuando sea el momento.

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Escapada de fin de semana a Corrubedo

Vivimos en un gran parque temático en el que cuesta encontrar la puerta de salida…

Sr. Caracol

Este fin de semana hemos vuelto a improvisar. Lo único escrito en el guión es que Raquel cuenta cuentos en la Biblioteca Municipal de Santiago, todo lo demás lo dejamos al azar. Mientras la narradora distrae al montón de niños atentos yo navego por el mapa de Galicia y busco rincones que me falten por conocer. Las dunas de Corrubedo están cerca y han sonado demasiadas veces en mis oídos como para obviarlas.

Comemos en el camino, en una sombra cerca de A Pobra do Caramiñal, y desde allí tomamos una pista que nos lleva a unas pozas solitarias en un bosque precioso. Pasamos la tarde bañándonos en el agua helada, tirando palitos a Coque para que los recoja como una nutria y ayudando a Luna en su primer día de agua. Cuando parecía imposible tanta tranquilidad empiezan a aparecer personajes extraídos de leyendas negras, cuentos oscuros y grandes-hermanos. Se acabó la paz, así que volvemos a la Pobra para hacer algunas compras y allí descubrimos que el mismo Valle Inclán tiene un museo por haber nacido cerca de allí, en Vilanova de Arousa, así que concluimos que los personajes aparecidos en el río podrían ser los mismos que inspiraron al maestro de la literatura para crear sus esperpénticos personajes.

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Llegamos a las Dunas de Corrubedo, el lugar del que tanto me había hablado Raquel. Pero de aquel viaje de fin de curso con sus compañeros de clase tirándose como croquetas por las dunas no queda nada, solo el recuerdo. Ahora un paseo prefabricado de madera te lleva hasta un círculo del que no puedes salir, bajo amenaza de multa de hasta 6.000 euros. Curiosamente la Xunta no puso impedimento hasta los años 90, a la extracción de tierra de las dunas para fabricar casas. Sin embargo ahora no te dejan más que hacer una foto para el recuerdo. Me pregunto si vale la pena tanto cutrismo prefabricado, tantas pasarelas que nos llevan como borregos a ver las invenciones mágicas de la madre naturaleza, tanta prohibición. Por suerte, en Galicia, aún no te cobran por sentirte un borrego idiota.

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Poco a poco la noche va cayendo y casi a las 23.00 oscurece del todo. Estamos en una de los días más largos del año y por suerte nos hemos quedado solos en este tranquilo lugar. La cena se alarga con charlas y masajes en los pies, hasta que nuestras sospechas se cumplen, ese lugar es el perfecto paraíso para los que salen de noche con sus coches tuneados a poner música “chumba chumba” a toda pastilla. La tortura dura poco:  lo que dura un porro, una versión apestosa de Judy Garland o un polvo sin amor. Esto si que tendría que estar prohibido y perseguido.

Si el día es uno de los más largos del año, por ende, la noche se hace corta. Madrugamos para visitar el Dolmen de Axeitos. Yo, inculto en materias de historia, me pregunto, si los ancestros hombres del neolítico o del loquesealítico descubrieron este bello lugar, sus bosques, sus energías y decidieron pasarse meses arrastrando pedrolos, amontonándolos y haciendo rituales extraños, ¿por qué narices a un puñetero técnico de un ayuntamiento se le ocurre poner en un momento 20 bancos mirando a ninguna parte; cuatro balancines con forma de tortuga y caballo; un tobogán estúpido y un parking de autocares? A eso se le llama ¿”acercar la historia a la gente”? Lo siento, no lo soporto. Soñaría con haberme visto obligado a caminar durante media hora, arrastrando ramas y pinchándome las piernas para poder ver este monumento, esta extraña creación, sobre la cual todavía no hay acuerdo acerca de su función.

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Tomamos la pequeña carretera que nos lleva al faro de Corrubedo y desde allí nos perdemos por una pista que nos traslada a una de las mejores playas que he pisado. El agua cristalina, la temperatura perfecta y la única compañía de 2 parejas de surferos… por suerte, nada es demasiado importante en este lugar como para hacer una pasarela, colgar cuatro columpios y más tarde prohibirme pisar la arena. Encontrar estos paraísos es una de las razones que me mueven a viajar…

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101 posts!

Sr. Caracol

Empezamos 2009 con el que es el post número 101! En algo más de un año os hemos contado escapadas de un día, de dos, de tres… viajes de 5 días, de una semana, de 10 días y grandes viajes de 15 días, de 3 meses… Juntos hemos recorrido cientos de paisajes, carreteras, caminos, montañas, playas, noches… aquí seguiremos contando lo que nos vaya pasando, o nuestros sueños. Por ahora, nos conformamos con que este nuevo año traiga tantas cosas buenas como el 2008

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