{los viajes del caracol}

Hemos ganado el concurso En Construcción de TVE

Esta semana nos ha llegado una buena noticia desde TVE. Hemos ganado el concurso del programa En Construcción de la 2.

Sr. Caracol

La pieza ganadora ha sido “Grècia és meravellòs, veritat?” un experimento audiovisual que hicimos Raquel y yo en Grecia durante nuestro viaje en 2007. Allí, recibimos un mail de nuestro amigo Pepo que acababa preguntando si Grecia era maravilloso, y pensé que no era tanto como nos lo venden en las guías y las revistas de viajes. Decidimos darle una respuesta en formato audiovisual, así que improvisamos en este hotel abandonado en la costa del Cabo Sounio.

Grabamos por la mañana, montamos al mediodía, locutamos por la tarde e hicimos la pospo por la noche. Todo en una jornada. La música es de nuestra amiga Ainara leGardon y los textos son fragmentos de lo que Raquel había ido escribiendo en el blog www.miradasdecaracol.com durante ese viaje…

Ahora el corto se va a proyectar en el Teatro Arriaga de Bilbao el día 25 a las 22:30 en el marco del Zinebi y también en el Centro Cultural de Villamonte (Getxo) el día 23 a las 19:30.

Experimental*Grècia és meravellòs, veritat? from alvarodzero on Vimeo.

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europa07: meteora, oliendo a piedras

CANISTRAKIS KOKODOULOS
Sí, este soy yo, el can al que antes llamaban Coque, o Coco o de mil maneras al antojo de cada uno. Estoy en Grecia, jamás lo hubiera pensado en mis años de juventud. Pero ahora que estoy recién jubilado con mis casi 12 años de edad me he puesto las pilas. Estoy encantado con este país, el principio ha sido un poco difícil, pero debo llevar ya unos 12 días y por fin ha salido el sol. Con lluvia es un poco más coñazo, me visten de perro amarillo y los demás canes me miran raro y se acercan a olerme.
Así que aquí estoy, en Meteora, haciendo mis pinitos como escalador. Esta es una tierra fantástica que me ha recordado al Montsant en el que he habitado este verano, sobretodo por las buenas vibraciones que he sentido. Ambas tierras son zonas de ermitas y ermitaños, de cuevas y leyendas, de frailes visionarios y energías positivas, pero esto es lo más grandioso que jamás hubiera imaginado. Las rocas aparecen por todas partes como si hubieran salido de la nada, como si un día un gnomo gigante hubiera plantado estos champiñones rocosos y hubieran surgido de la tierra hambrientos de cielo.
Ahora llevamos aquí unos días, estamos esperando que llegue un correo con la carta verde y otros documentos humanos que nos permitan cruzar a Albania, Croacia y estos países que no me suenan de nada. En la escuela canina no me enseñaron geografía. Si, hay escuelas de canes. Un cantautor dijo una vez: “Usted no lo va a creer pero hay escuelas de perros y les dan educación, para que no muerdan los diarios, pero el patrón, hace años, muchos años que está mordiendo al obrero…”
Estamos en un camping de escaladores al pie de las rocas, es enorme y tengo la sensación de estar en un bosque privado, lleno de olores a perrita donde perderme, a veces demasiado. La mañana es perfecta, sale el sol detrás de estos monolitos gigantescos y se filtra entre las hojas cálidas de los árboles hasta despertarnos.
Hemos andado mucho, por eso ahora estoy destrozado, no me muevo de la cuna desde ayer. A mamá y a papastro se les ocurrió levantarse pronto por la mañana e ir andando hasta la cima de las montañas para esos rollos de la luz matutina y la buena luz para filmar, pero resulta que no hemos encontrado o el camino correcto. Cuando por fin hemos dado con él  ya habíamos hecho unos 8km y habían pasado casi 4 horas, así que nos hemos vuelto a la autocaravana y hemos subido hasta un monasterio, que aquí le llaman Monastiraki. ¡Son raros estos griegos!. A mi no me han dejado entrar, pero me han hecho un favor, me he quedado aquí solo, haciendo estiramientos para evitar las agujetas.
Ahora es sábado y seguramente el último día que estaremos en Meteora. He quedado para comer con una perrita francesa llamada Maya. Tiene solo un añito y es de una pareja de franceses que van en autocaravana, seguramente hasta Jordania en un año sabático. A Maya la cogieron de una perrera hace un mes, cuando ya habían empezado el viaje. A veces, al ver otros perros, pienso la suerte canina que tengo con la mamá que me ha tocado. Pero no sé si podré acostumbrarme a estar separado de ella a la vuelta, cuando se vaya a trabajar… ahora estamos juntos veinticuatro horas.
Pues nada, os dejo, que voy a intentar convencer al papastro que haga una de esas barbacoas con las que seduce a los invitados y así me reparto unos restos con Maya e intento conquistarla… vaya, que solo lo he probado una vez en mi vida!

Ya he vuelto de la barbacoa, me he puesto morao, pero solo de trozos de lomo. Maya es demasiado joven y tiene una energía de la que yo no me acuerdo y me ha dado una palicita. Hemos dedicado todo el día a comer y a tener relaciones caninas francogalegas. Al final, me han dejado aquí en la autocaravana encerrado unas horitas y se han ido a la otra a charlar de viajes y experiencias. Al volver olían a Maya y he sentido una excitación canina que me ha hecho intentar tener relaciones con mi cama, pero no me han dejado porque me la estaba comiendo de lo metido en el tema que me he puesto.
Ha salido la luna llena entre las montañas y es precioso, mis ojos no han visto una noche así desde hace tiempo. Me duermo poco a poco, me han dicho que mañana nos vamos de excursión…
Hoy ya es domingo y me han llevado de caminata. Creía que íbamos a hacer el típico paseo matutino, pero la cosa se ha complicado unos quince kilometros. Nos ha llevado toda la mañana recorrer la distancia desde el camping hasta el monasterio, donde me han dejado atado a un árbol para poderlo visitar. Por suerte el souvenir ha durado poco y a los 10 minutos ya estaban de vuelta, con un cabreo importante. Un monje les ha insultado y amenazado por intentar hacerle una foto. Como se entere dios, yo creo que baja del cielo…
Por el camino han estado hablando de comida todo el rato, que si iban a cocinar una cosa, que si otra… nos ha entrado un hambre grandísima a los tres. Pero una vez más ha vuelto a pasar. En el camino, una chimenea soltaba olor a carne y los planes han cambiado. A los cinco minutos estábamos en un restaurante comiendo todo tipo de exquisteces clavadas en unos palos. Pero no penséis que eran los clásicos pinchitos morunos, no, no. Eran de calidad. Bueno, de calidad no sé, porque el papastro me ha dado toda su ración por debajo de la mesa sin que le vieran los camareros y me he puesto hasta arriba.
Hemos llegado a casa y mamá ha sido absorbida por su cama. Ha dicho algo de una siesta y se ha despertado a las 3 horas aullando como un lobo. Creo que tenía agujetas, aunque parecían dolores de parto humano. No sé cuantos días llevamos ya aquí en Meteora porque he perdido la cuenta, pero en este sitio y esta soledad son el paraíso para un perro jubilado.

P.D. Abuelo, si pudieras traer unos días aquí a mi amiga Gala! Uf. como me lo pasaría con ella… conozco unos sitios para perdernos…

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SRA. CARACOL
Meteora significa suspendido en el aire, como los meteoritos….y realmente algo así es lo que sientes cuando llegas a este sitio. Porque este es un lugar extraterrestre, sobrenatural, fantasmagórico, levitante… algo flota en el ambiente, una espiritualidad devota impregna cada rincón y cada roca convirtiéndolas en orgánicas mientras montañas pelirrojas son las únicas notas de color en un entorno mas bien grisáceo.
Milagros tectónicos son los responsables de estas formas caprichosas, hoy meca de escaladores de goma. Cada mole se precipita hacia abajo unos 400 metros y presenta una superficie ahora lisa como de rodillo, ahora agujereada como de gruyere… recuerdan edificios futuristas… y en realidad, sí que han sido edificios, pues en el pasado, en cada hueco se cobijaban ascetas y monjes, que luego, con el paso de los años, fueron construyendo templos en las cumbres de estos sus particulares retiros sagrados. Y cuesta creer en la fortaleza del ser humano, ya sea por fe religiosa, ya por fe deportista… cómo con tan solo el poder del espíritu un hombrecillo es capaz de escalar estas enormes. Y sorprende también pensar que una misma acción, trepar una montaña, pueda tener tan diversas motivaciones.
Ya en la cima brota una calma sincera y desprovista de todo, quizás enturbiada por algún afán comercialista de merchandistas que ofrecen mapas y coloridos souvenirs en la puerta de los templos. Dentro museos de reliquias y capillas ortodoxas con frescos bizantinos de mil colores. Un monje olvida su bondad devota y nos riñe bruscamente al ver nuestras cámaras… ¡supongo que en este sitio robar imágenes digitales es de los peores pecados!
No hay mucho más aquí dentro, por lo menos, no que podamos ver. Así que mi mente curiosa se conforma con imaginar la dureza de este tipo de vida y por comprender los por qués de tanta renuncia. Pero un fresco en el comedor monacal me advierte: el racionalismo, la razón, es incapaz de entender la fe, y uno de los peores males para la vida espiritual. Así q

ue allá van todos mis por qués, rodando por estos despeñaderos… es cuestión de fe, no se puede racionalizar…aunque el mensaje en el fresco me sigue pareciendo algo sectario…
Eso sí, los euros que cobran por entrar y que cada día engrosan los petos monacales… ¡esos si que les parecen razonables!
Desde los patios de estos castillos la vista es suicida; se precipita sin remisión al fondo de los barrancos. Con la visita de la luz tardecina las suspendidas se tranforman es fantasmas de roca y una nebulosa hace que los rayos del sol parezcan diluidos en grises y azulados que desdibujan el paisaje. Baja la temperatura también para los de fe, así que modernos radiadores en las capillas hacen que las penurias del pasado sean ya solo historias de ayer. Nos vamos con la sensación de haber descubierto un planeta imaginario.









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Grècia és meravallòs, veritat?

Dirección y Fotografía: Alvaro Sanz
Actriz: Raquel Galavís
Música: Ainara LeGardon
Montaje: Alvaro Sanz
Voz: Raquel Galavís

Corto experimental rodado en el Cabo Sounio, Grecia, durante el viaje por Europa. Después de recibir un mail de Pepo, preguntándonos si Grecia era maravilloso, nos planteamos darle una respuesta de forma audiovisual.

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europa07: atenas y poseidones

Sra. Caracol
El sol nos acoge en nuestra primera mañana aquí. Atenas, blanca blanquísima, a la luz de sus rayos parece multiplicada en tamaño invadiendo toda nuestra visión. No puedo llegar más lejos con mis ojos, la recorro una y otra vez, pero como en una carrera, ella siempre llega primero, nunca se acaba! Y me pregunto qué piensan estos atenienses, qué comen, qué les preocupa… son más silenciosos que sus vecinos italianos y más educados, aunque menos simpáticos. Reparto de virtudes supongo…
Esta vez seremos turistas titulados y veremos el Partenón, el Ágora antigua y demás restos del paraíso griego. Enseguida nos abruma el tamaño de las columnas y de los templos. Unas hermosas Caríatides se escapan por fin de mi libro de historia adolescente para enseñarme toda su preciosidad. Pero lo que me hace vibrar es el Teatro de Herodes Ático, que me recuerda a Praxágora y Aristófanes y transmite una sensación ya conocida: nervios ante el estreno, versos recitados, coros y coturnos, público llenando los asientos… y de pronto toda la magia en un solo escenario, vidas de otros pensadas y sentidas como propias, risas contagiosas en la platea que devuelven un respeto por una forma de trabajo… el oficio del actor, más importante en la antigüedad que hoy en día y desde luego más valorado!
Las piedras se acaban antes de lo esperado. Un metro eficaz nos lleva ahora al puerto invadido por trailers en asamblea y ferries con ofertas para cruzar a las islas guapas y famosas. Santorini y Creta son nuestras elegidas, aunque llegar no resultará fácil… así que nos lo pensaremos…
El tiempo pasa rápido en Atenas y la noche llega con más piedras, aunque esta vez tormentosas, que golpean el techo de la autocaravana con fuerzas de demonios. Por un momento creo que Zeus está tronando ahí fuera pidiéndonos que le dejemos guarecerse con nosotros… y me acurruco debajo del calor de la cama esperando su calma… pero no llega, pasan la noche y sigue furioso, incluso de día nos impide movernos de donde estamos. Es como un secuestro divino que aceptamos resignados. Así pasan las horas. Para entretenernos una niña nómada se cuela en nuestra mañana dispuesta a torear a Coque. Es viajera del mundo, libre y sin reglas, así que no aceptará excusas… pues me dejaré entonces… mientras, nos observa sorprendida una inquilina circunstancial, que mastica granos del pienso de nuestro canino bajo la mirada resignada del can.
Ya es Domingo. Hay campanas ortodoxas reclamando a sus fieles. Atenienses engalanadas acuden a su cita religiosa semanal y un anciano nos acompasa con su guitarra mientras deambulamos por Plaka buscando el Templo del sumo Dios. Por fin lo encontramos. Está en medio de coches y carriles de autobús, tan tranquilo que parece una ilusión. Imponente muestra algunas columnas de un mármol amarillento que ascienden hacia las nubes grises de la mañana. Una se ha cansado de aguantar y se ha dejado rodar toda larga hasta tumbarse en el suelo. Sus tripas aparecen como fichas de dominó perfectamente plegadas y apoyadas unas contra otras, como en un juego de niños. Gracias que Zeus hoy está tranquilo y nos permite visitar su casa sin tronar de nuevo!
El sol regresa brincando entre esponjas de lluvia y nos persigue cantando durante todo el camino hacia Sounio. Es la costa Ateniense la que se evapora con sus notas a medida que zigzagueamos pegados al rompiente. Y de pronto, salido de la nada, en lo alto de una montaña… EL TEMPLO!!!! Pilares blancos de Poseidón dominando el océano, vigías omniscientes de mitos y leyendas. Acantilados trampolín para padres abrumados por la pena que saltan al vacío  al equivocar la muerte de su hijo. Aquí están Teseo y Egeo separados para siempre por un color, un olvido, un error. El hijo tras su marcha había prometido a su padre que el blanco de la vela sería un mensaje de regreso victorioso tras matar al Minotauro mientras que el negro traería las peores noticias. El padre esperó casi hasta la locura el ansiado regreso y cuando al ver por fin en el horizonte el oscuro color izado saltó al vacío sin meditarlo, bautizando con su suicidio este azul que nos rodea. De esta absurda manera el fatal olvido de su promesa deja huérfano a Teseo.
Y esta energía extraña flota en el aire, entre evocadora e inquietante, olvidada y presente al mismo tiempo. 
Cerca está Lávrio, puerto mediano. Y un poquito mas allá, la casa de la “señora griega”, que nuestros amigos Claudia y Luciano nos llevan a conocer. Ella es ama de su casa sin discusión y se sienta con nosotros mientras nos cuenta tranquila lo que puede ofrecernos para comer. En esta carta casera hay nombres impronunciables que Claudia traduce para nosotros. Mi imaginación vuela por ingredientes de la tierra, fogones de leña y años de pucheros en las manos de esta mujer, manos de delicias.
Llegan las viandas entre palabras y sonrisas de amigos nuevos. Acercamos culturas entre bocado y bocado y sin casi darnos cuenta baja la noche. Cuando decimos adiós sabemos que no nos olvidaremos.









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europa07: el peloponeso con lluvia se hace más corto

SR. CARACOL
Conducir en Marruecos es una locura porque no hay leyes y cada uno va por donde quiere; en Madagascar es peligroso porque las carreteras están fatal y los autos son viejos, pero en Grecia es una lucha constante por la supervivencia. Nos ha costado un poco entender el concepto, pero a la que te pitan tres o cuatro veces, te hacen luces en 25 ocasiones y te ves estampado en la cuneta 18 más, lo pillas. La cuestión es que el país tiene 4 autopistas, el resto son carreteras nacionales y la gran mayoría, comarcales. En las carreteras de un solo carril por cada sentido hay una ley no escrita que dice que debes ir por la cuneta para que los rápidos puedan ir por el carril normal, y los lanzados puedan adelantar saltándose la línea continua, las isletas y lo que haga falta. Lo más divertido de todo es ver dobles adelantamientos en ambos sentidos, cuando se juntan 4 coches en el espacio justo a velocidades de vértigo. Y es que en otros países donde la conducción también es temeraria, los vehículos son viejos y no alcanzan las velocidades de aquí. Raquel dice que ella no quiere ir por el arcén pisando la línea que le separa de la cuneta, que es peligroso, así que nos saludan todos los griegos con el dedo corazón levantado hacia arriba. No nos importa, estamos aquí para disfrutar del país y verlo con calma.
Ayer nos dedicamos a contar accidentes en la carretera y nos salió una media de 1 cada 200 metros. El sistema de contabilidad es fácil, aquí colocan en las cunetas donde ha perecido un familiar una pequeña capillita del tamaño de una casa de muñecas. El objeto es un poco kitsch, pero a ellos les debe consolar. Colocan una foto en el interior, flores, velas que milagrosamente casi siempre están encendidas y unos botecitos con aceite de oliva. Con curiosidad creciente busco en la guía, por si pone algo sobre el sistema de conducción griego y no me sorprendo al leer que éste es el país con más muertos en la carretera de Europa, 2000 al año, y eso que tiene una población de sólo 11 millones de habitantes.
Así que con todo esto aprendido bajamos hacia el Peloponeso, la parte sur de Grecia, donde se supone que reina la tranquilidad absoluta (fuera del asfalto, claro). Nuestra primera parada es Amfilochia, un pequeño pueblo en el curioso Golfo de Amvrakikós, que tiene una estrecha entrada de agua de mar pero parece más un lago que otra cosa. La autocaravana se detiene en un pequeño puerto con unos 10 barquitos de pesca, a tan solo un metro del agua. Podemos oír las diminutas olas romper junto a nosotros, pero el sonido de la lluvia puede más. El amanecer es espectacular, con las nubes bajas empezando a deslizarse por las montañas hasta al mar, en busca del frío. Mientras las tostadas van desapareciendo del plato y una suite para cello de Bach suena poderosa en los altavoces, las nubes acaban oscureciendo las aguas tranquilas y un barco diminuto aparece ante nosotros. Un señor mayor intenta con esfuerzo sacar su barca al mar así que no lo dudo y le ayudo calándome hasta los tobillos… pero cuando quiero congelar el momento con la cámara ya es demasiado tarde… el hombre está lejos y no obtengo el retrato que quiero. Me conformo con una de esas “fotos testimoniales” que decía mi primo Juan.
Con los pies mojados atravesamos campos y lagos hasta llegar a Patra. Es martes y 13, así que dejamos que la suerte nos acompañe y vamos a Diakoftó en busca de un tren cremallera que nos lleve a las montañas. Una vez llegamos al pueblo y vemos la tranquila playa, nos olvidamos del viejo tren y nos quedamos allí unas horas, comiendo y mas tarde jugando con Coke mientras Raquel habla con los dioses del Olympo durante hora y media. Antes de que caiga el sol volvemos hacia Patra para bajar hacia el sur y alcanzar las ruinas de Olympia, pero el camino es demasiado largo para hacerlo de una sola vez. Buscamos un camping donde dormir esta noche, hace ya más de una semana que lo hacemos improvisando y no vendría mal enchufarnos a la corriente un poco y hacer algunas gestiones autocaravaniles. Parece que vamos a tener suerte, esta parte de la costa está llena de carteles de Campings y playas para escoger! Pero durante más de una hora no paramos de entrar en recintos semiabandonados que parecen haber sido un camping en algún momento de sus vidas. Toda esta zona, es fea, por no decir horrible, decadente. Un griego que conocimos en Sevilla la semana que partimos nos advirtió que Grecia en invierno da miedo, y tenía razón.
Saltándonos parte del guión, porque la lluvia no nos deja hacer casi nada, aparecemos en la antigua ciudad de Olympia. En el parking de las ruinas, pasamos 4 horas viendo como la lluvia golpea cada vez más fuerte y tomando decisiones. Con el mapa de Europa completamente abierto ante cualquier posibilidad de cambio, decidimos simplemente acortar el Peloponeso y salir hacia Atenas. Cada día llueve más, todo está gris, triste. Y apenados soltamos aquello de “no es lo que creía”. Cuando por fin la lluvia nos permite salir, entramos en las ruinas olímpicas y nos llevamos una pequeña decepción. Puede que el clima nos haga verlo todo incoloro e insípido pero nada en esta montaña de piedras nos transmite la más mínima sensación de olimpismo. Tomamos una vieja carretera que nos lleva a Nauplio, uno de los pueblos más bonitos de Grecia. El camino se hace largo porque el firme está hundido parte del camino y solo hay un carril del ancho justo de nuestro vehículo. La conducción se hace cada vez más pesada con la lluvia y el asfalto mojado. No queremos sustos, así que paramos en un pequeño pueblo a cenar. En la gasolinera nos dirigen a dos pequeñas tabernas, pero en el camino aparece un olor soñado durante más de un mes por mi olfato carnívoro. Aquí, bajo la simple luz de una bombilla, un viejo tiene montañas de carne a la brasa de un olor que supera al de las tremendas y riquísimas barbacoas que mi padre me regala cuando vuelvo a casa. Estamos de suerte, y regresamos a la autocaravana con el mismo dinero con el que salimos y los estómagos llenos, llenísimos.
Nuestros anfitriones nos advierten que la carretera es peligrosa por la noche, así que paramos en el siguiente pueblo. La noche es dura y el estómago se queja, demasiada carne de repente, ahora que la dieta se había aligerado un poco. La digestión se hace pesada y la sed me hace levantarme más de una vez. La lluvia empieza a caer de nuevo y Raquel cree que se nos va a agujerear el techo, pero estamos de suerte y la mañana aparece soleada. 
Por la mañana llegamos a Nauplio, nuestro último destino antes de Atenas. Allí paseamos casi en solitario por este pueblo bastante turístico, pero que conserva su carácter y su historia. Antaño fue una gran potencia comercial y militar. Fallamos en la elección del restaurante, y es que el festín que nos dimos anoche puso el listón muy alto.
Antes de salir, compramos un par de botes de mermelada en una tienda donde me hubiera quedado un par de meses destapando tarros y metiendo cucharazos.
Atenas es una ciudad difícil y Raquel tiene el privilegio de conducir hasta el camping, que por suerte, encontramos de casualidad cuando el tráfico empieza a ser caótico. 
El lugar es absolutamente tranquilo, a 7 km del centro y bien comunicado, se llama simplemente “Caming Athens”. Tan solo otros viajeros franceses están aquí, y nos entra morriña al ver que viajan en una pequeña furgo como la que teníamos antes. Miramos a nuestro alrededor y pasamos un rato enumerando la cantidad de cosas que no podríamos hacer en la pequeña …finalmente lo acabamos celebrando con unas crepes fantásticas que el chef prepara cargaditas de las mermeladas de fresa e higos de Nauplio. Quizás ya lo he dicho alguna otra vez, en algún diario de viaje antiguo: “estas son las mejores crepes que jamás haya hecho”.
Con el estómago endulzado hasta los topes, nos vamos a la cama repasando entre lecturas lo que visitaremos mañana, el clásico Acrópolis, con su Partenón como

protagonista.

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SRA. CARACOL
El Peloponeso no ha sido especial en absoluto. La lluvia nos ha asediado durante varios días seguidos agriándonos sensaciones y perspectivas… con pena la gran Olimpia desilusiona reflejada en el aguacero… supongo que Pompeya resulta una referencia demasiado perfecta como para competir, incluso tratándose de una campeona olímpica… aún así algunas de sus negras piedras traen ecos de vítores en el gran estadio o en la palestra… Pero aquí hay un grito mucho mas alto que retumba en nuestros oídos y este ya no es de victoria sino de derrota: es el grito del bosque quemado, el grito de la madera aún viva que ve como se acerca su inexorable final, el grito de los animales desahuciados y de la vida abrasada. Ahora el negro de la muerte domina estos montes milenarios, el olor a muerte injusta apesta el lugar y nos entristece. Y para colmo, la ironía trae un diluvio hoy, cuando ya es demasiado tarde!
Nos rendimos arrugados y reumáticos y escapamos buscando rayos divinos que nos templen el carácter y estiren nuestro nervios. El Mac-meteorológico asegura que aparecerán en Atenas…pues allá vamos!
Ah, no! pero el pueblo Peloponeso no quiere que nos alejemos con este mal regusto, así que OTRA VEZ! encontramos anfitriones surgidos de la nada. Hoy nuestro conciliador con el mundo se llama Angelo, está en medio de nuestra carretera de camino a Atenas y nos regala una cena de amigos de toda la vida. Son cuatro ortodoxos que destierran la carne de sus dietas hasta el 27 de Diciembre con una barbacoa cobijada bajo un tejadillo, en la calle. El carnicero del pueblo y cómplice de Angelo desaloja sus arcones de vacas, cerdos y corderos en esta ceremonia de despedida. En el Peloponeso también la religión ordena menús… Angelo cocina despacio, en silencio, y las brasas nos cuentan de su cara arada por el tiempo. Estamos hipnotizados en este mismo momento! De improviso su brazo se alarga y sus ojos buscan los míos en un gesto de confianza. Me sorprendo, dudo, acepto el ofrecimiento un poco temerosa… pero con el primer bocado y el agrio del aderezo de limón flotando en mi boca me transformo en carnívora leona. Son nuevos amigos que posan con nosotros para el ojo del Sr. Caracol y escriben su dirección para que les enviemos el instante en papel fotográfico. Claro! Aquí no hablan de mails… un precio demasiado barato para agradecer tanta hospitalidad! Mas que justo!
No nos entendemos apenas, pero el murmullo de estómago satisfecho es universal y bajo la lluvia consigue acercar “conversaciones”. Uno de nuestros personajes habla un inglés casi casi inteligible. Recuerdos de una mujer bonita de negros cabellos que alguna vez le talló una muesca en el lado izquierdo del pecho balbucean en su boca de sabor a vino. A veces su aorta la recuerda vagamente cuando el calor del néctar se evapora, pero un vaso más le deja regresar al olvido…y así, traguito a traguito el va engañando a su razón.
Sus compinches ya conocen estas y otras historias. A los nuevos en la pandilla nos toca coger el testigo esta noche e intuirle en sus divagaciones hasta que nuestros estómagos dicen basta. Es hora de seguir adelante y repartir adioses y buenos deseos… Somos felices y en nuestras mentes flota una firme promesa: un retrato con todas las sonrisas de esta noche volverá pronto a este pueblo escondido.
Saneadas energías se acomodan en los recovecos de nuestro caracol y nos llevan a Nauplia, veneciana y templada, con playa de mar turquesa y siesta a las cuatro en las rocas de su bahía, bajo un anciano castillo. El mar Mirtoico se acerca a conocer mis manos con caracter templado pese a lo avanzado del Otoño. Después Atenas. Y enseguida, mil coches y destellos de camiones agresivos en una ciudad que se extiende hasta el infinito. Cobardes en este combate nos retiramos a un camping de las afueras. Mejor idea coger un autobús mañana…por la mañana…








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