CANISTRAKIS KOKODOULOS
Sí, este soy yo, el can al que antes llamaban Coque, o Coco o de mil maneras al antojo de cada uno. Estoy en Grecia, jamás lo hubiera pensado en mis años de juventud. Pero ahora que estoy recién jubilado con mis casi 12 años de edad me he puesto las pilas. Estoy encantado con este país, el principio ha sido un poco difícil, pero debo llevar ya unos 12 días y por fin ha salido el sol. Con lluvia es un poco más coñazo, me visten de perro amarillo y los demás canes me miran raro y se acercan a olerme.
Así que aquí estoy, en Meteora, haciendo mis pinitos como escalador. Esta es una tierra fantástica que me ha recordado al Montsant en el que he habitado este verano, sobretodo por las buenas vibraciones que he sentido. Ambas tierras son zonas de ermitas y ermitaños, de cuevas y leyendas, de frailes visionarios y energías positivas, pero esto es lo más grandioso que jamás hubiera imaginado. Las rocas aparecen por todas partes como si hubieran salido de la nada, como si un día un gnomo gigante hubiera plantado estos champiñones rocosos y hubieran surgido de la tierra hambrientos de cielo.
Ahora llevamos aquí unos días, estamos esperando que llegue un correo con la carta verde y otros documentos humanos que nos permitan cruzar a Albania, Croacia y estos países que no me suenan de nada. En la escuela canina no me enseñaron geografía. Si, hay escuelas de canes. Un cantautor dijo una vez: “Usted no lo va a creer pero hay escuelas de perros y les dan educación, para que no muerdan los diarios, pero el patrón, hace años, muchos años que está mordiendo al obrero…”
Estamos en un camping de escaladores al pie de las rocas, es enorme y tengo la sensación de estar en un bosque privado, lleno de olores a perrita donde perderme, a veces demasiado. La mañana es perfecta, sale el sol detrás de estos monolitos gigantescos y se filtra entre las hojas cálidas de los árboles hasta despertarnos.
Hemos andado mucho, por eso ahora estoy destrozado, no me muevo de la cuna desde ayer. A mamá y a papastro se les ocurrió levantarse pronto por la mañana e ir andando hasta la cima de las montañas para esos rollos de la luz matutina y la buena luz para filmar, pero resulta que no hemos encontrado o el camino correcto. Cuando por fin hemos dado con él ya habíamos hecho unos 8km y habían pasado casi 4 horas, así que nos hemos vuelto a la autocaravana y hemos subido hasta un monasterio, que aquí le llaman Monastiraki. ¡Son raros estos griegos!. A mi no me han dejado entrar, pero me han hecho un favor, me he quedado aquí solo, haciendo estiramientos para evitar las agujetas.
Ahora es sábado y seguramente el último día que estaremos en Meteora. He quedado para comer con una perrita francesa llamada Maya. Tiene solo un añito y es de una pareja de franceses que van en autocaravana, seguramente hasta Jordania en un año sabático. A Maya la cogieron de una perrera hace un mes, cuando ya habían empezado el viaje. A veces, al ver otros perros, pienso la suerte canina que tengo con la mamá que me ha tocado. Pero no sé si podré acostumbrarme a estar separado de ella a la vuelta, cuando se vaya a trabajar… ahora estamos juntos veinticuatro horas.
Pues nada, os dejo, que voy a intentar convencer al papastro que haga una de esas barbacoas con las que seduce a los invitados y así me reparto unos restos con Maya e intento conquistarla… vaya, que solo lo he probado una vez en mi vida!
…
Ya he vuelto de la barbacoa, me he puesto morao, pero solo de trozos de lomo. Maya es demasiado joven y tiene una energía de la que yo no me acuerdo y me ha dado una palicita. Hemos dedicado todo el día a comer y a tener relaciones caninas francogalegas. Al final, me han dejado aquí en la autocaravana encerrado unas horitas y se han ido a la otra a charlar de viajes y experiencias. Al volver olían a Maya y he sentido una excitación canina que me ha hecho intentar tener relaciones con mi cama, pero no me han dejado porque me la estaba comiendo de lo metido en el tema que me he puesto.
Ha salido la luna llena entre las montañas y es precioso, mis ojos no han visto una noche así desde hace tiempo. Me duermo poco a poco, me han dicho que mañana nos vamos de excursión…
Hoy ya es domingo y me han llevado de caminata. Creía que íbamos a hacer el típico paseo matutino, pero la cosa se ha complicado unos quince kilometros. Nos ha llevado toda la mañana recorrer la distancia desde el camping hasta el monasterio, donde me han dejado atado a un árbol para poderlo visitar. Por suerte el souvenir ha durado poco y a los 10 minutos ya estaban de vuelta, con un cabreo importante. Un monje les ha insultado y amenazado por intentar hacerle una foto. Como se entere dios, yo creo que baja del cielo…
Por el camino han estado hablando de comida todo el rato, que si iban a cocinar una cosa, que si otra… nos ha entrado un hambre grandísima a los tres. Pero una vez más ha vuelto a pasar. En el camino, una chimenea soltaba olor a carne y los planes han cambiado. A los cinco minutos estábamos en un restaurante comiendo todo tipo de exquisteces clavadas en unos palos. Pero no penséis que eran los clásicos pinchitos morunos, no, no. Eran de calidad. Bueno, de calidad no sé, porque el papastro me ha dado toda su ración por debajo de la mesa sin que le vieran los camareros y me he puesto hasta arriba.
Hemos llegado a casa y mamá ha sido absorbida por su cama. Ha dicho algo de una siesta y se ha despertado a las 3 horas aullando como un lobo. Creo que tenía agujetas, aunque parecían dolores de parto humano. No sé cuantos días llevamos ya aquí en Meteora porque he perdido la cuenta, pero en este sitio y esta soledad son el paraíso para un perro jubilado.
P.D. Abuelo, si pudieras traer unos días aquí a mi amiga Gala! Uf. como me lo pasaría con ella… conozco unos sitios para perdernos…
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SRA. CARACOL
Meteora significa suspendido en el aire, como los meteoritos….y realmente algo así es lo que sientes cuando llegas a este sitio. Porque este es un lugar extraterrestre, sobrenatural, fantasmagórico, levitante… algo flota en el ambiente, una espiritualidad devota impregna cada rincón y cada roca convirtiéndolas en orgánicas mientras montañas pelirrojas son las únicas notas de color en un entorno mas bien grisáceo.
Milagros tectónicos son los responsables de estas formas caprichosas, hoy meca de escaladores de goma. Cada mole se precipita hacia abajo unos 400 metros y presenta una superficie ahora lisa como de rodillo, ahora agujereada como de gruyere… recuerdan edificios futuristas… y en realidad, sí que han sido edificios, pues en el pasado, en cada hueco se cobijaban ascetas y monjes, que luego, con el paso de los años, fueron construyendo templos en las cumbres de estos sus particulares retiros sagrados. Y cuesta creer en la fortaleza del ser humano, ya sea por fe religiosa, ya por fe deportista… cómo con tan solo el poder del espíritu un hombrecillo es capaz de escalar estas enormes. Y sorprende también pensar que una misma acción, trepar una montaña, pueda tener tan diversas motivaciones.
Ya en la cima brota una calma sincera y desprovista de todo, quizás enturbiada por algún afán comercialista de merchandistas que ofrecen mapas y coloridos souvenirs en la puerta de los templos. Dentro museos de reliquias y capillas ortodoxas con frescos bizantinos de mil colores. Un monje olvida su bondad devota y nos riñe bruscamente al ver nuestras cámaras… ¡supongo que en este sitio robar imágenes digitales es de los peores pecados!
No hay mucho más aquí dentro, por lo menos, no que podamos ver. Así que mi mente curiosa se conforma con imaginar la dureza de este tipo de vida y por comprender los por qués de tanta renuncia. Pero un fresco en el comedor monacal me advierte: el racionalismo, la razón, es incapaz de entender la fe, y uno de los peores males para la vida espiritual. Así q
ue allá van todos mis por qués, rodando por estos despeñaderos… es cuestión de fe, no se puede racionalizar…aunque el mensaje en el fresco me sigue pareciendo algo sectario…
Eso sí, los euros que cobran por entrar y que cada día engrosan los petos monacales… ¡esos si que les parecen razonables!
Desde los patios de estos castillos la vista es suicida; se precipita sin remisión al fondo de los barrancos. Con la visita de la luz tardecina las suspendidas se tranforman es fantasmas de roca y una nebulosa hace que los rayos del sol parezcan diluidos en grises y azulados que desdibujan el paisaje. Baja la temperatura también para los de fe, así que modernos radiadores en las capillas hacen que las penurias del pasado sean ya solo historias de ayer. Nos vamos con la sensación de haber descubierto un planeta imaginario.









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