{los viajes del caracol}

Mirades de Cargol: Atlas Marroquí, un viatge de colors

El capítulo de “Mirades de Cargol” de esta semana nos lleva al Atlas Marroquí a un viaje en busca del agua…

Hoy compartimos un nuevo episodio de este proyecto televisivo que nos ha llevado a recorrer rincones bellísimos de este mundo. Os recordamos que el programa se puede ver todos los jueves en la XTVL en Catalunya. El “Mirades de Cargol”que os presentamos hoy lo rodamos en un viaje a través del Atlas Marroquí. Durante días viajamos por las montañas, recorrimos aldeas, hablamos con su gente…y fue un viaje de colores .

En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Marc Enseñat, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Os dejo la traducción del texto al castellano:

Ya en el camino los colores del viaje se cuelan en mis pupilas haciéndome cosquillas. La luz me ciega como un fogonazo. Me despierto en blanco, soy un lienzo en el que iré grabando cada descubrimiento nuevo para mis sueños. Castillos ruinosos besando cielos de arena. Adoquines resecos mendigan agua a mis pies cansados…tengo sed!

Bebo agua y vuelvo en rojo, nunca antes había percibido marrones y ocres tan intensos! La ciudad todavía dormita al alba acunada por Morfeo cuando la encontramos, así que de puntillas, para no despertarla, escuchamos el eco de nuestros zapatos sonámbulos pasearla.

La arena siempre me saca ventaja! Miro hacia el horizonte e intento alcanzarla a lo lejos con mis ojos… la persigo una y otra vez, pero como en una carrera, ella siempre llega primero, nunca se acaba!

Vuelvo a la tierra. El desierto se ha quedado grabado en mi retina y el olor del adobe en mi alma. Escucho un eco suspendido en el ambiente, una espiritualidad devota impregna cada rincón y cada roca convirtiéndolas en orgánicas, mientras palmeras verdeadas son las únicas notas de color en este entorno colorado.

Pastores precoces me saludan: ¿me das agua?. Bebo en verde, verde cristalino mecido por el viento: verde oasis de vida y respiro en el camino; verde de alimento y abundancia.

En este lugar la vida tiene otra melodía. En este lugar la vida suena a pasado. Pero el amarillo abrasador regresa implacable, riéndose de mis esperanzas. Aquí no se puede dar nada por sentado, todo cambia según el silbido del viento…

Busco el preciado líquido en cada pista, en cada nuevo sueño. Busco este elemento más allá del final del desierto…

Hasta que este amarillo se dulcifica en dorado con la visita de la tarde. Dorado pintando colinas y colinas pintadas doradas hasta el infinito. Las montañas suspendidas se transforman en fantasmas de roca y una nebulosa hace que los rayos del sol se diluyan en grises y azulados. ¡Por fin la encuentro! ¡Agua que me baila regocijada su danza de frescura! El sueño me acosa de nuevo. Sobre una roca, espío a estos piadosos colores dirigirse a una muerte segura. Lentamente, el ahijado de Ra se va abandonando. Ya está aquí la espera azabache, la espera de silencio antes de recibirle mañana en un nuevo sueño.

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Mirades de Cargol: Essaouira, Castells a la sorra

“Mirades de Cargol” es un sueño hecho realidad, es un proyecto que perseguíamos hace tiempo. “Mirades de Cargol” nos permite compartir nuestros viajes con vosotros a través de vuestros televisores.

Aquí os dejamos el primer capítulo de nuestro programa de televisión “Mirades de Cargol” que está emitiendo la XTVL en Catalunya. Este primer capítulo lo rodamos en Essaouira en abril de 2008 en un viaje precioso que hicimos Raquel, Marc y yo en busca de la legendaria visita de Jimmy Hendrix. Allí, en Essaouira, descubrimos, entre otras cosas, que a los locales les encanta construir castillos en la arena, y en el aire…

En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Marc Enseñat, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Como el programa es en catalán, os dejamos aquí el texto íntegro para que lo podáis seguir.

He llegado a Essaoira buscando un mito. Unas notas punteadas de guitarra , quizás como la suya, me dirigen desde el azul y blanco de los minaretes de Diabat al mercado semanal de animales. Tal vez entre los sonidos de los animales bravos, de los hombres regateando… tal vez aquí sepa de él… Pero en este lugar no hay respuestas….
Me dirijo hacia el puerto de la “Bien guardada”. Enormes carcasas de madera regresan al despuntar el sol, después de una madrugada de fructífera captura. Gaviotas pacientes esperan los despojos que llenaran sus estómagos hambrientos. Allí pregunto a los pescadores por el escondrijo de mi héroe, pero no tienen tiempo para explicarme, atareados como están con los tesoros del immenso. Desenredan sus redes de esfuerzo con la habilidad que da el ofico de muchos años. Sus rostros surcados por el tiempo, me hablan del sol, del rebelde viento de este mar grisaceo, de la soledad de este oficio imprescriptible. Los rasgueos continúan sonando desde una época de glorias y melodías de éxtasis.
Indago entre las mujeres del Argán. Generaciones de feminas que anhelan un futuro de esperanza extrayendo el nectar de este codiciado fruto. Aceite sanador para mi espíritu con poso de hierbabuena y romero, acaricia mi piel cansada, me refresca de este calor precoz. Retomo fuerzas para continuar mi buceo en este mar de leyendas perdidas, en esta arena de castillos mitificados.
La medina me recibe con el bullicio del típico Marruecos, sus souvenirs de colores, sus artesanos hábiles con sus manos. ¡Los olores de las especias abren mi apetito! No perderse en este entramado de corredizos es un reto para mis pies cansados. Regatear los precios de estos recuerdos un logro en mi empeño. En un instante de intimidad entreveo en claroscuro los dibujos de la henna marcando la belleza de una mano anónima…¿quizás es la de él? no, no es posible…aquí solo se
dibuja a las mujeres…
Agotada, sin respuestas, dudando de la veracidad de la leyenda, me recuesto en la murralla de la protegida. El mar al otro lado es fiero, bicolor en las corrientes de las mareas, dulce y salado al mismo tiempo. Cae el sempiterno astro de mi sequía
apaciguando los sonidos de la medina, las preguntas de mi desvelo. Y cuando llega el descenso por fin comprendo el misterio: el tiempo ha diluído los castillos en la arena…ahora solo quedan las sombras de los castillos dibujadas en el aire. Son los castillos del viento. Los mitos sin fundamento…
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Tajine para soñar

Llevamos demasiados días encerrados en casa, tantos que ya no sabemos si viajar es una realidad o un sueño.

Hace frío, llueve, humedad. No apetece demasiado o nada salir a la calle. Es un placer quedarse en casa con las chimeneas encendidas, acunar al bebé, preparar futuros proyectos y cocinar. A veces, a través de la gastronomía, igual que de la música, viajamos a lugares visitados o a destinos soñados. En el caso del plato de hoy, el viaje es a Marruecos, un país que conocemos bastante bien porque hemos pasado allí unas cuantas aventuras y lo hemos recorrido de arriba a abajo. El tajine, las tres veces que he estado en este país, ha sido absoluto protagonista de mis comidas. Así que me he hecho con varios ejemplares para poder seguir disfrutando con los sabores marroquíes en casa.

Transportar a casa la calidad de unos spaghettis italianos es difícil, imitar las salsas alemanas una misión imposible, pero por suerte, el tajine, por difícil que parezca es fácil, muy fácil de preparar. Necesitamos básicamente tres elementos que darán al plato un sabor inigualable. El primero es el tajine, que podemos pensar que es un plato típico, pero es más bien un recipiente que utilizan en Marruecos para preparar la mayoría de sus platos. No compréis imitaciones del carrefour ni Ikea, no es lo mismo y os cobrarán 10 veces más el valor que tiene. Tiene que ser de barro, y en Marruecos se puede conseguir por menos de 10 euros (negociando, claro). El segundo elemento importante es el fuego, debe ser de leña o carbón. Olvidad inventos modernos para vitrocerámicas. Es como hacer una pizza Tarradellas en el microondas y pensar que estás cenando un plato italiano. Lo tercero y absolutamente fundamental son las especias. En nuestro caso, utilizamos 44 especias que compramos en Merzouga en uno de nuestros viajes. En cualquier mercado de Marruecos podéis encontrar especies para tajine, y alguna marca española comercializa frasquitos con una mezcla que imita bastante bien la esencia, pero nunca es lo mismo.

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A partir de estos elementos básicos, la imaginación juega un papel importante. Todo, o casi todo sirve como ingrediente para el tajine: cualquier verdura, hortaliza, carne, pescado… hay que probar, atreverse, y descubrir que a veces, sabores y texturas que no nos entusiasman, pasadas por el fuego lento del tajine nos pueden chiflar.

La receta que os enseño hoy es una muy básica, tanto que creo que con las fotos podéis entender paso a paso como se prepara. Una vez está todo en el recipiente con sal y las 44 especias, lo dejamos a fuego lento con las brasitas durante casi dos horas, y el sabor….hmmmm…. el sabor!

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Morocco'09: reflexiones después del reencuentro

“…aquí, este machismo te viste de negro, te promete en matrimonio a un desconocido a los tres meses de edad y no admite discusión. Es así sin más. Oscuro, implacable y difícilmente erradicable…”

Sra. Caracol

Hace un año escribí esto y se quedó en el tintero…hoy vuelvo a encontrame con el negro aunque ahora matizado en la turística Essaouira…me sorprende la diferencia y la apertura de estas nuevas mujeres …a pesar de que algunas me cuenten que no es oro todo lo que reluce. Por eso creo que esta vez si vaciaré la tinta recuperando estas lineas de mi diario del pasado….

“Seis días, han pasado seis días desde que cruzamos el estrecho y no he podido escribir nada hasta ahora. Supongo que, al principio, Marruecos resulta un país demasiado agresivo, demasiado duro como para entenderlo a la primera, tanto por la cultura como por sus gentes. Y es que hay cosas que me resultan difíciles de comprender, por mucho que lo intente. Cosas como no poder ver la cara de las mujeres porque lo prohibe una religión o tener que esquivarlas con las cámaras de fotos porque pasan a ser propiedad de sus maridos desde el día que se casan: el “matermunium” en directo es difícil de digerir… pero a la vez sorprende que muchas de ellas lo acepten y defiendan como algo sagrado que no admite discusión… una situación delicada dirán algunos… para mi, una cuestión de educación, de cultura, de costumbres arcáicas, de extremismos… supongo que este tipo de cosas te condicionan a la hora de formarte una opinión de la cultura y gentes de un país, es inevitable, por muy bonito, diferente, exótico y salvaje que sea. Es una realidad a la que habría que desnudar de este negro abrasador. Una realidad arraigada como verdad en ciertas mentalidades que por desgracia siguen poblando nuestro planeta. Demagógicamente algunos dirán que también en Occidente hay machismo… Si, es cierto; como lo es que hasta hace bien poco en España las mujeres estuviesen tuteladas por sus maridos. Y por eso agradezco vivir donde vivo ahora y poder decidir, cómo, cuándo y con quién casarme,  dónde trabajar, hacerme fotos o sencillamente, escoger algo tan importante como tener descendencia o no. Aquí, todavía hay muchas mujeres que no pueden-quieren-sabencómo-pueden hacerlo.
Pero igualmente cierto es, que aquí, este machismo te viste de negro, te promete en matrimonio a un desconocido a los tres meses de edad y no admite discusión. Es así sin más. Oscuro, implacable y difícilmente erradicable.
Un hilo de esperanza en las jóvenes de las grandes ciudades que enseñan sus lindas caras y hombros sonriendo, sin miedo, sin complejos. Un mazazo de desesperación en el dedo del fantasma azabache que me señala acusador por no cubrir mis piernas o mis hombros a 40 grados bajo un sol despiadado..
¿Quienes somos para juzgar otras gentes, otras culturas? Ni mas ni menos que nadie, por supuesto, pero siento que hay cosas que hay que decirlas, o gritarlas, o llorarlas como mínimo. Mientras mi mente se esfuerza por ser tolerante, me evado en las doradas olas del desierto, en los sabores del tallín, en las estrellas multiplicadas de estos cielos. Kilómetros de contrastes nos acogen en este viaje, de los verdes del maíz norteño a los ocres del sur disecado.
Y al fin una tirita para mi corazón dividido, una canción con los niños a cambio de sonrisas y nada más. Ni un solo Dirham trocado por cantar con ellos y poder respirar un poco de su inocencia, mientras me siento mas mujer que nunca y también, mas mayor que nunca.”

(las dos fotos de este post de la Sra. Caracol fueron tomadas en Marruecos en 2008)

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Morocco'09: Marrakech y vuelta a casa

La autocaravana se dirige hacia el sur, abandonando Essaouira. Será un viaje de vuelta largo, pero las playas cercanas a Targhazoute nos acarician las mejillas doradas por el sol.

Sr. Caracol

Séptimo día. Aunque no estamos en tierras cristianas me tomaré en serio lo de descansar al séptimo día. No hemos creado el mundo pero estoy tan derrotado como si me hubieran encomendado esa difícil misión. El guión dice que debemos bajar hacia Agadir, en una jornada más dura de lo que esperábamos. Las carreteras no están demasiado bien (lo normal en el país) y un trayecto de no más de 180 kilometros parece hacerse eterno. Por suerte, la llegada a Targhazoute nos refresca. Esta población surfera es menos conocida que Essaouira pero también menos turística. Paramos a comer en una playa inmensa, con un mar azul como hacía tiempo que no veía. Las olas gigantes y perfectas para deslizarse con una tabla, y la temperatura invita a quedarse allí más de un día, pero no podemos, debemos seguir con nuestro viaje si queremos llegar a tiempo a casa, nos esperan más de 2000 kilometros para poder abrazar de nuevo nuestro jardín, a Coque y ver el sol caer tras las Cíes.

Llegamos a Marrakech más tarde de lo previsto, intentar calcular tiempos aquí es casi imposible. Mi ilusión de compartir con Raquel la caída del sol desde la Plaza se pierde a kilometros de distancia. Hace años pasé varios días en esta ciudad rodando un videoclip para David Vidal y me encantó pasar las tardes de Djemaa el-Fna.
Por suerte aún quedan restos de la fiesta y nos podemos distraer comiendo unos pinchos de pollo en alguno de los puestos de comida, sentados junto a cantidad de marroquíes. Antes de irnos, casi sin quererlo, surge una de esas cosas que deseaba. Un halaiqui nos toma de la mano y nos sienta junto al fogón. Este cuentacuentos, músico trobador y showman nos hace sentir timidez por unos instantes. Decenas de ojos árabes nos miran y se ríen de nosotros mientras las palabras de este trobador impregnan el aire de la noche. Por un instante nos sentimos intimidados a pesar de la magia del momento. Entre las miradas atentas, aparece Marc con la cámara y toma algunas instantáneas sin que nos demos cuenta. Medio divertidos, y medio asustados le seguimos el juego al halaiqui mientras hace desaparecer cigarrillos y saca humo por las orejas, y nos canta canciones que no logramos descifrar. Salimos de allí con una sonrisa y una sensación extraña, esa sensación que te deja esta plaza, a la cual, siempre sé que volveré, porque es como un gran plató con las puertas medio cerradas y deseo tener las llaves de cada una de ellas para poder retratarla en toda su inmensidad.
Aquí damos por cerrado este viaje de trabajo que no ha tenido casi nada de ocio, pero como dice la señora caracol “amiguiños, amiguiños si, pero a vaquiña polo que vale”.

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