{los viajes del caracol}

Otoño-invierno en Andorra

El Ministerio de Educación andorrano me ha invitado a dar unas clases a sus profesores de Instituto, así que me he subido con la casita, y después de las obligaciones pedagógicas me he calzado las botas de montaña.

Sr. Caracol

Hace unos días estaba dando la bienvenida al otoño en Francia, y ahora, tengo la sensación de estar en pleno invierno, con la calefacción encendida por las noches, durmiendo a más de 2000 metros de altura y quedándome sin respiración en mi caminata matutina antes de que el sol asome por el Pic d’Arcalís. Volveré a Andorra, a buscar el mítico pack de azúcar, mantequilla y galletas porque con tanta belleza, lo he olvidado.



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¿Donde estás Sra. Caracol?

¿Donde está la Sra. Caracol? El trabajo me ha separado durante unos días, quizás demasiados, de Galicia.

Sr. Caracol

Como es lunes y no tengo mucho que hacer, Marc y yo decidimos pasar “Los lunes al sol” en La Molina, en el Pirineo catalán. La nieve y el frío nos acompañaron durante una jornada de paseo por la montaña, buenas cocas de “poble” y fotos campestres. El otoño ha llegado disfrazado de invierno en este rincón catalán.
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Aigüestortes

¿Cómo puede ser que no haya estado antes en este Parque Natural?

Sr. Caracol

Si miro el mapa de Catalunya norte descubro que he estado aquí anteriormente esquiando en Boi-Taüll, o haciendo descenso en patines por la Vall Fosca, incluso haciendo esquí de fondo entre iglesias románicas, pero nunca había venido en verano para descubrir la gran cantidad de riachuelos, lagos y senderos que pueblan este paraje.
Los 5  días que estamos pasando aquí pasan lentos, de manera que una vez más creo ser un habitante de estas tierras. La auto descansa tranquila junto a un río en Barruera, en una zona donde aparcan sin problema otras furgos y autocaravanas. Aquí, a diferencia de otros lugares turísticos, somos bienvenidos los que llevamos la casa a cuestas y nadie nos obliga a pasar por la taquilla de un camping.
Excursiones de hasta 6 horas son nuestro objetivo diario y por las noches caemos destrozados, tanto que ni las lágrimas de San Lorenzo pueden esperar.
Hay tiempo para todo en este valle: para los paseos, para ir de compras, visitar iglesias románicas Patrimonio Mundial, leer, escalar con amigos de Siurana, hacer fotos a caballos… lo importante, como siempre, es saber que tienes ganas de volver para encontrar nuevas rutas, nuevos colores y nuevas excusas para viajar.






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El somnni d'una nit d'estiu

Caminar. El río es nuestro bastón en el camino hacia el Planell de Aigüestortes. Su gorgojeo nos sigue juguetón tentándonos cristalino, pero a 1200 metros de altura hace frío. El que no lo duda, como siempre, es Coque, que nos demuestra lo bién que lleva sus recién estrenados 12 años zambullida tras zambullida.

Sra. Caracol

El ascenso entre bosques, umbrío por momentos, nos regala praditos siesteros que aprovechamos.
Los melocotones mas ricos del mundo nos perfuman la boca de dulce jugoso. Algún rayo de sol atrevido nos pregunta nuestro nombre mientras soñamos bajo un árbol. Su calor nos seduce y termina de acunarnos bajo las hojas. Un poco más tarde nos sorprenden abetos frondosos que destacan por su verde navideño sobre las lomas de las enormes montañas. Nuestras piernas patean, pisan, saltan, resbalan, flexionan y estiran un trillón de veces hasta llegar a un lago de un solo inquilino: un pato que aparenta perdido del resto de su bandada y que se disputa con nuestro can la hegemonía de la charca. Desde allí, levantando la vista, vemos como en un espejismo el enorme chorro de agua alpina que alimenta este enorme paraje natural. La madre de la vida en este valle, hoy está helada, y nos muestra toda su fuerza a menos de un metro de distancia. Pero el ascenso no ha terminado aún. Ahora trepamos rocas ayudados de bastones, jadeando y deseando llegar pronto a nuestro destino. Cansancio sano, aire fresco, medio bocata en el estómago y cámaras en mano son nuestros compañeros en el último tramo.
Por fin, cuando creemos que no vamos a llegar nunca, el Planell nos sorprende con un riachuelo encantado donde comernos el resto de las provisiones. Titania nos duerme de nuevo. En sueños oigo a Coque respirar a nuestro lado mientras nubes grises bailan al otro lado de mis párpados callados. Después de un suspiro, Oberón nos despierta silbando un viento helado. Entonces desperezo mis pupilas, me estremezco templada y le escucho aullar: ¡arriba! ¡ya es hora de despertar de este sueño de una tarde de verano!










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