{los viajes del caracol}

Marruecos2008 cap03: Azrou-Midelt-Gorges du Ziz-Ar Rachidia-Rissani

La noche en el “Bosque de Cedros” seguramente no la voy a olvidar en mi vida. Sin duda el bosque es impresionante, uno de los más grandes del planeta (de cedros, claro), pero eso no es lo que lo hace inolvidable.

Sr. Caracol.

Marc y Jorge se han sentado a ver “Las colinas tienen ojos” y quizás este no sea el mejor entorno para verla. Antes de que empiecen a matar a los miembros de la familia caravanera de la peli hemos empezado a oír ruiditos extraños, sombras humanas y sensaciones extraterrestres, así que hemos salido de allí pitando y hemos vuelto a la entrada, donde un “vigilante” se nos ha ofrecido a cuidarnos porque el lugar no es “supuestamente” seguro.
Idriss, que así se llama el guarda, nos ha invitado a su pequeña cabaña. Marc y yo hemos pasado con él más de una hora charlando y tomando té. Idriss estudió en Manchester y recorrió 30.000 km en bicicleta por Europa. Su conocimiento de la lengua inglesa, su ritmo tranquilo al hablar, y sus conocimientos reales de geografía lo acreditan. Eso sin comentar su condición física, está en plena forma a sus más de 40 años. Sus hermanos marroquíes están llenos de estrategias para venderte algo. Si les dices que eres catalán, eso si no lo descubren ellos por sí mismos, te dicen de carrerilla: “Barça, Plaça Catalunya, Sagrada Família, Corte Inglés, Terrassa”. Pero Idriss nos habla de otras cosas que nos atrapan durante un pedazo de tiempo. Por la mañana le imprimiremos una foto de la velada que quedará olvidada en su humilde cabaña.
En Aguelmama de St Ali paramos para hacer unos planos del supuesto lago con el que nos íbamos a encontrar. Estamos en una zona a la que llaman la “pequeña suiza” y realmente es así. Lo que más nos sorprende es que el lago está bastante vacío. Su aspecto es más que curioso, entre volcánico y desértico. Un lugar para pasar horas.
Volvemos a coger la carretera dirección Ar-Rachidia introduciéndonos en el Atlas y sus montañas nevadas.
Es aquí donde sufriremos nuestra primera mala experiencia del viaje y que por suerte solo nos robará cinco horas de nuestro tiempo. En una gasolinera, he preguntado al encargado si el agua era potable. Me ha contestado que sí y he rellenado el depósito de la auto (100 litros).
Al acabar, he pedido a Marc que llenase también el depósito de emergencia que llevamos, de unos 25 litros. Cuando estaba casi lleno me ha dicho que algo flotaba en el agua. Nada más y nada menos que decenas o cientos de renacuajos y otros animalitos correteaban por el agua mientras se me ponían los pelos de punta al pensar que el depósito de la auto podría estar también lleno. En efecto. Hemos estado 5 horas vaciando el depósito, limpiándolo con lejía y purificador de agua, desmontando la bomba y el filtro, los tubos obstruidos… sin entrar en muchos detalles diré que lógicamente esa es el agua con la que nos lavamos los dientes, nos duchamos… la sensación ha sido horrible y la duda de “cuanto tiempo hace que consumimos agua así ha sido escrupulosa”. Lo peor de todo ha sido sacar cáscaras de algún animal del tamaño de una cucaracha.





El paisaje hacia Ar-Rachidia es precioso y la serpenteante carretera que sube las montañas nos hace olvidar la mala experiencia. Decidimos dormir en Rich, una pequeña población donde yo solo consigo descansar 3 horas escasas en una noche de pensamientos acelerados. Viajar a otras culturas me hace meterme en un mundo interior de conflictos de ideas que a veces me roban horas de sueño.
Las Gorges du Ziz y el trayecto hasta Rissani es totalmente distinto a lo que jamás he visto. Miles de palmeras en un inmenso oasis que corre a lo largo de la carretera nos hacen detener más de una vez la auto. Necesito comprobar que estoy aquí, tocar el suelo, sentir la energía de la tierra, del agua, del aire, correr por mis venas.
La llegada a Rissani nos hace descubrir que estamos en uno de los lugares protagonistas de este viaje. El ambiente del desierto está en la calle, en las ropas de la gente, en la cultura que se ha creado alrededor de la gran duna que tienen de vecina, la gran Erg Chebbi.
Es de noche, debemos encontrar un lugar donde dormir. El hotel “Toumbuctu” es el lugar escogido. Por un precio razonable nos ofrecen unas haimas a pie de duna y nos parece interesante. Por primera vez, la autocaravana descansará sólita, y los 4 tendremos una cama parecida donde dejar nuestros cuerpos reposar. El mejor regalo, estar en temporada baja y que no haya turistas en la zona, así sentiremos menos que estamos en el Port Aventura del desierto.


















Escrito por sres.caracol en marruecos y tiene Ningún comentario todavía

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