{los viajes del caracol}

Morocco'09: Marrakech y vuelta a casa

La autocaravana se dirige hacia el sur, abandonando Essaouira. Será un viaje de vuelta largo, pero las playas cercanas a Targhazoute nos acarician las mejillas doradas por el sol.

Sr. Caracol

Séptimo día. Aunque no estamos en tierras cristianas me tomaré en serio lo de descansar al séptimo día. No hemos creado el mundo pero estoy tan derrotado como si me hubieran encomendado esa difícil misión. El guión dice que debemos bajar hacia Agadir, en una jornada más dura de lo que esperábamos. Las carreteras no están demasiado bien (lo normal en el país) y un trayecto de no más de 180 kilometros parece hacerse eterno. Por suerte, la llegada a Targhazoute nos refresca. Esta población surfera es menos conocida que Essaouira pero también menos turística. Paramos a comer en una playa inmensa, con un mar azul como hacía tiempo que no veía. Las olas gigantes y perfectas para deslizarse con una tabla, y la temperatura invita a quedarse allí más de un día, pero no podemos, debemos seguir con nuestro viaje si queremos llegar a tiempo a casa, nos esperan más de 2000 kilometros para poder abrazar de nuevo nuestro jardín, a Coque y ver el sol caer tras las Cíes.

Llegamos a Marrakech más tarde de lo previsto, intentar calcular tiempos aquí es casi imposible. Mi ilusión de compartir con Raquel la caída del sol desde la Plaza se pierde a kilometros de distancia. Hace años pasé varios días en esta ciudad rodando un videoclip para David Vidal y me encantó pasar las tardes de Djemaa el-Fna.
Por suerte aún quedan restos de la fiesta y nos podemos distraer comiendo unos pinchos de pollo en alguno de los puestos de comida, sentados junto a cantidad de marroquíes. Antes de irnos, casi sin quererlo, surge una de esas cosas que deseaba. Un halaiqui nos toma de la mano y nos sienta junto al fogón. Este cuentacuentos, músico trobador y showman nos hace sentir timidez por unos instantes. Decenas de ojos árabes nos miran y se ríen de nosotros mientras las palabras de este trobador impregnan el aire de la noche. Por un instante nos sentimos intimidados a pesar de la magia del momento. Entre las miradas atentas, aparece Marc con la cámara y toma algunas instantáneas sin que nos demos cuenta. Medio divertidos, y medio asustados le seguimos el juego al halaiqui mientras hace desaparecer cigarrillos y saca humo por las orejas, y nos canta canciones que no logramos descifrar. Salimos de allí con una sonrisa y una sensación extraña, esa sensación que te deja esta plaza, a la cual, siempre sé que volveré, porque es como un gran plató con las puertas medio cerradas y deseo tener las llaves de cada una de ellas para poder retratarla en toda su inmensidad.
Aquí damos por cerrado este viaje de trabajo que no ha tenido casi nada de ocio, pero como dice la señora caracol “amiguiños, amiguiños si, pero a vaquiña polo que vale”.

Escrito por sr.caracol en marruecos y tiene Ningún comentario todavía

Escribe tu comentario

Por favor rellena esto y escribe tu comentario
Nombre
Email
Website
Escribe tu comentario